La idiosincracia bélica del capitalismo: El factor económico

Autores | Andrés Piqueras |

Andrés Piqueras presenta un análisis en profundidad del estado actual del capitalismo, identificando la sobreacumulación del capital como su enfermedad crónica y observando sus implicaciones. La idea principal gira alrededor de cómo esta condición ha llevado a multitud de problemas sociales, económicos y ecológicos culminando en la escalada militar y la vieolencia como medio de control de los recursos.

Mientras el captialismo desarrolla las fuerzas productivas, va incrementando el uso de maquinaria, robotización y, ahora, de la inteligencia artificial, para reemplazar el trabajo humano. Esta sustitución aumenta la proporción de “trabajo muerto” con respecto al “trabajo vivo” causando una contradicción fundamental que provoca la presente crisis de reducción de plusvalía para la cual al capitalismo le va costando encontrar más salidas.

A medida que la tecnología reduce el tiempo necesario para producir mercancías, su valor disminuye en consecuencia. El capitalismo responde produciendo más de los mismos bienes y expandiendo continuamente los mercados para mantener la rentabilidad. Sin embargo, este camino es insostenible, ya que los mercados y los recursos planetarios son finitos. A medida que los recursos se agotan, los sectores dominantes del capital se vuelven cada vez más desesperados por controlar los recursos restantes, creando tensiones crecientes en el sistema económico mundial.

La rentabilidad decreciente conduce a un desplazamiento de la inversión productiva a la especulación financiera. El capital tiene una tendencia a revertir a su forma simple, como dinero, en lugar de invertirse en producción o trabajo. Esto crea una enorme burbuja de “capital ficticio” i.e.: acciones, deuda pública, dinero bancario y derivados; que en realidad es deuda, y que una buena parte de ella está basada en la suposición de un hipotético valor futuro. Esta financiarización ha generado un endeudamiento generalizado que actualmente está alrededor del 360% del PIB mundial, creando una estructura económica insostenible que circula en gran medida a través de un dinero que en realidad no existe.

A medida que el poder económico disminuye, la violencia se convierte en la herramienta restante para mantener el dominio, lo que hace que todas estas contradicciones converjan hacia la militarización y la guerra.